Reflexiones sobre la violencia económica.


Asisto perpleja y a la vez esperanzada a una noticia publicada por EL PAIS en fecha 25 de noviembre del pasado año y que reafirma mi confianza en la Justicia, tantas veces ciega pero también repleta de profesionales valientes que buscan precisamente eso, impartir Justicia con mayúsculas (enlace a la noticia aquí: https://elpais.com/economia/2022/11/24/mis_derechos/1669290602_154153.html)

La historia en sí es simple, una mujer sufre de forma continuada en el tiempo la violencia de quien fue su pareja, como forma más clásica de discriminación hacia las mujeres. Primero de forma brutal, directa y evidente, puesto que fue víctima de un delito de asesinato en grado tentativa por el que resultó condenada la ex pareja de la víctima, y posteriormente de forma indirecta y aparentamente legal, el agresor ya condenado elude el pago de la indemnización a la que resultaba obligado y priva del uso de un inmueble del que era propietaria al 33% la agredida, mediante un contrato de arrendamiento fraudulento sobre el mismo, por un importe irrisorio (200 euros) que además ''percibía'' en efectivo, y con una duración inusualmente larga, con la finalidad de continuar con la violencia de una forma más sutil pero no menos discriminatoria y dañina, contrato que como final esperanzador de la historia es declarado nulo puesto que el Juez considera probado que ''El contrato de arrendamiento celebrado es fraudulento, y nulo por carecer de causa, escondiendo en realidad un motivo espúreo y dañino de otros derechos e intereses  jurídico-económicos ajenos en liza'', estableciendo en la misma sentencia que la finalidad no era otra que excluir a la víctima de violencia a la mujer de los beneficios del arriendo, declarando dicho contrato nulo.

No es infrecuente que las mujeres víctimas de violencia de género sigan sufriendo otro tipo de discriminación, ésta más silenciosa e invisible, la violencia económica, condenando a la víctima en no pocas ocasiones a una situación de exclusión social, por lo que la violencia no desaparece nunca pese a que sea más difícil de demostrar.

Mi reflexión es por tanto que la sociedad camina en la dirección correcta, y que existiendo muchas deficiencias (casi siempre estructurales en nuestras instituciones), el cambio es posible, y también lo es impartir Justicia, por lo que, como dije al principio, me siento esperanzada, aún cuando dotar de mejores y mayores herramientas legales para luchar con formas de discriminación y violencia menos aparentes es una asignatura pendiente en nuestro país.

Continuará...

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